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Autodefensas en Michoacán (foto publicada en Excélsior)
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23 de abril de 2012

2012

2011 nos mostró un México violento y corrupto.

Yo no olvido al año viejo, porque me ha dejado cosas… que cambiaron la percepción del país en el que nací y vivo.
La llegada de 2012, el año de los cambios, nos obliga a tener presentes los sucesos que enlutaron a México y nos mostraron una realidad que se callaba por miedo, por no saber cómo enfrentarla o, lo peor, porque dejaba al descubierto una red de complicidades entre autoridades, políticos y crimen organizado.
2011 fue un año de enseñanzas difíciles. Las fosas clandestinas halladas en Tamaulipas y Durango, donde encontraron 193 y 246 cuerpos, respectivamente, nos mostraron una problemática poco atendida por las autoridades: la desaparición, maltrato y extorsión de los migrantes nacionales y extranjeros que buscaban cruzar el país de sur a norte.
El año que terminó fue uno de los más violentos. El crimen organizado respondió a la guerra que le declaró el gobierno federal con ataques a la población y tirando cadáveres por todo el país para generar temor entre los habitantes. Las autoridades federales calificaron, incluso, como actos terroristas las acciones de los grupos criminales.
El 25 de agosto, justo a la hora de la comida, 12 sujetos ligados a la organización de Los Zetas incendiaron un casino en Monterrey, para asustar a los dueños que se negaban a pagar la cuota de extorsión. Murieron 52 personas. Este acontecimiento también exhibió el chantaje que Jonás Larrazabal, hermano del alcalde de Monterrey, realizaba a los dueños del establecimiento.
Veracruz, Sinaloa y Jalisco fueron escenarios de matanzas. En Boca del Río, el 20 de septiembre fueron arrojados 35 cadáveres frente a un centro comercial; el 25 de noviembre en Culiacán fueron hallados en un automóvil 16 cuerpos calcinados, y al día siguiente, el 26 de noviembre en Guadalajara, el crimen organizado abandonó 26 cuerpos en tres camionetas.
Seis alcaldes murieron víctimas de la delincuencia organizada: Saúl Vera, de Zaragoza, Coahuila; Abraham Ortiz Rosales, de Temoac, Morelos; Luis Jiménez, de Santiago Amoltepec, Oaxaca; Fortino Cortés, de Florencia de Benito Juárez, Zacatecas; José Eduviges Nava, de Zacualpan, Estado de México, y Ricardo Guzmán, de la Piedad, Michoacán.
Apenas, el 22 de diciembre, en la carretera Tempoal-Pánuco, en la zona fronteriza con Tamaulipas, otro grupo criminal atacó a tres autobuses con pasajeros. El saldo: 16 muertos, 11 civiles y cinco presuntos atacantes.
Otra revelación que trajo el 2011 fue el nivel de penetración del crimen organizado en la política y procesos electorales. El presidente Felipe Calderón declaró que en la elección en Michoacán, el crimen organizado amenazó y bajó a más de 50 candidatos locales.
Fue el año de Presunto Culpable y Miss Bala, retratos de nuestro fallido sistema de procuración de justicia.
En el terreno político también hubo lecciones, como la falta de acuerdos en la Cámara de Diputados para designar a tres consejeros del IFE. Después de 14 meses, en la última sesión del año, el 15 de diciembre, se dieron los nombramientos; mientras tanto, la autoridad electoral se aprobó un bono de 150 mil pesos extra para cada consejero, a fin de compensar la carga de trabajo.
Vinieron los destapes presidenciables e inició el proceso electoral con nuevas reglas que definen lo permitido y lo prohibido en periodos de precampaña, pero que dejan en libertad a los candidatos únicos de hacer lo que quieran, porque no se contempló en la ley esa figura, salvo el impedimento de aparecer en spots de radio y televisión.
Los hechos del 2011 nos obligan a pensar qué tipo de país queremos reconstruir, sobre todo cuando tenemos en puerta la elección presidencial y la renovación del Congreso de la Unión, el próximo 1 de julio del 2012.
Yo no olvido al año viejo...
        *Subdirectora editorial de Excélsior
            Twitter: @Fabiguarneros

 Publicado el 1 de enero de 2012, les comparto la liga:

http://www.excelsior.com.mx/index.php?m=nota&id_nota=798393

Reconciliación

Nosotros somos México, uno decide qué clase de ciudadano quiere ser.

 

México somos todos, construimos o destruimos este país todos los días con nuestras acciones y omisiones. Estamos hartos de la violencia, cansados de los políticos, decepcionados de los partidos y el futuro nos genera incertidumbre; pero me resisto a creer que no hay salida, que la indiferencia se apoderará de nuestras conciencias y que ya no hay nada por hacer.
En las mañanas, cuando voy rumbo al trabajo, observo a cientos de personas comprometidas con su país. Veo a los barrenderos que limpian las calles, albañiles en una construcción, choferes, repartidores, enfermeras, empleados y cocineros tomando un transporte público, mamás y papás dejando a los hijos en la escuela.
Hay profesionistas que se apasionan con su trabajo, comerciantes y empresarios que generan empleos y riqueza a nuestra nación. Veo también niños y adolescentes que crecen en este país.
Cada uno tiene una historia, un motivo para levantarse y construirse una vida. Y en ese camino están también los malos ciudadanos: los que no crean, sino destruyen; los que no aportan, sino quitan; los que no generan vida, sino la muerte y los que no dan confianza, sino temor.
Uno decide qué clase de mexicano quiere ser y para qué. Este país necesita que sus ciudadanos se reconcilien. El encono, el egoísmo, la prepotencia, la soberbia y la indiferencia le han hecho mucho daño a esta nación, y si sumamos a los gobernantes y policías corruptos, hambre, pobreza, analfabetismo y violencia, el resultado es este México.
El compromiso que veo en muchos mexicanos no me hace perder la esperanza, pero hay que sumar todos los días con nuestras acciones. ¿Cómo? Por qué no empezamos respetando la ley, los semáforos, los cruces peatonales, separando la basura, realizando nuestros trámites sin mordidas.
¿Por qué no en lugar de hacer como que no vemos, cuidamos nuestra comunidad y nos involucramos con sus problemas? ¿Y si denunciamos a los narcomenudistas?
Genera impotencia saber que hay policías deshonestos que completaron su sueldo con el dinero del narcotráfico, que fueron testigos o participaron en masacres de migrantes, en asaltos de autobuses, en decapitaciones, en incendios de casinos, en fugas de reos.
Para empezar a reconciliarnos tenemos que ver también hacia adentro. ¿Qué tanto conocemos a nuestra familia? ¿Cuánto tiempo de calidad le dedicamos a cada uno de sus integrantes? ¿Seguimos inculcando los valores del respeto, la lealtad, la confianza, la amistad, la honestidad, el compromiso? ¿Fomentamos la lectura, el tener información y les hablamos de los derechos y obligaciones que tenemos como ciudadanos?
Nos quejamos de nuestros gobernantes, pero nosotros los elegimos. Tenemos a las autoridades que nos merecemos, por apáticos, por no salir a votar informados o no acudir a las urnas y dejar que otros decidan por uno, por no denunciar el fraude o no participar como funcionario de casilla.
En unos días se acaba 2011 y llegamos con 52 millones de pobres, 11.7 millones de mexicanos en pobreza extrema y más de 40 mil muertos por el crimen organizado, pero tenemos la oportunidad que nos brinda un nuevo año para frenar esas cifras, revertirlas o hacerlas crecer.
2012 es un año de definiciones, elegiremos al nuevo Presidente de la República, a diputados, senadores, a gobernadores y al jefe de Gobierno del Distrito Federal; nos toca decidir qué gobierno queremos, el que conducirá nuestro futuro. Y ésta no es una decisión menor.
La invitación para estos días de descanso y de compañía familiar es la reflexión. Busquemos reconciliarnos como familia, como compañeros de trabajo y como país.
¡Feliz Navidad!
*Subdirectora editorial de Excélsior
fabiola.guarneros@nuevoexcelsior.com.mx
Twitter: @Fabiguarneros

Publicado el 25 de diciembre de 2011, les comparto la liga:
http://www.excelsior.com.mx/index.php?m=nota&id_nota=797133 

29 de septiembre de 2011

Clases de Civismo

Les comparto mi artículo de opinión publicado en Excélsior, el domingo 18 de septiembre:


CLASES DE CIVISMO

Los escándalos parecen ser la única lección a aprender en los recintos parlamentarios

Cuando los niños juegan a la política y acuden a un recinto legislativo para aprender del quehacer parlamentario, el derecho a la participación y a la propuesta, terminan por imitar el rol de algunos legisladores: toman la tribuna, sacan pancartas y montan un espectáculo que no ayuda en la construcción de los deberes cívicos.
Eso pasó el martes 13, en la Asamblea Legislativa del Distrito Federal, cuando 51 niños de diferentes escuelas participaron en el Segundo Parlamento Infantil. Los alumnos de sexto de Primaria y primero de Secundaria fueron convocados a expresar sus inquietudes, los problemas que hay en sus comunidades y las propuestas de solución.
Los estudiantes fueron invitados al salón de sesiones de Donceles y Allende para realizar un ejercicio democrático. Ellos, los pequeños legisladores, asumieron su papel con responsabilidad; prepararon sus temas y expusieron lo que les preocupa: escasez de agua, bullying, seguridad en las escuelas y protección del medio ambiente.
En eso estaban, aprendiendo a debatir con argumentos, cuando tres niñas tomaron la tribuna, interrumpieron al orador y sacaron una cartulina que decía: “Luchemos todos por los derechos de los niños y niñas”.
Nos estamos acostumbrando al espectáculo en los recintos legislativos. Hemos visto a políticos tomar la tribuna, desplegar mantas, colocarse máscaras de cochino u orejas de burro, entrar con caballos y arrojar costales con boletas electorales.
Ya vimos a diputados bloquear los accesos en la Cámara de Diputados para que Vicente Fox no entregara su último informe de gobierno y un año después, los legisladores de oposición intentaron impedir que Felipe Calderón rindiera protesta como Presidente de la República.
A la Asamblea entraron mujeres en ropa interior y el diputado Cristian Vargas Sánchez, en una ocasión, destrozó una puerta de cristal y, en otra, colocó bajo la tribuna una bicicleta, que obtuvo a golpes; quizá por eso a la legisladora Edith Ruiz Mendicuti se le hizo natural propiciar el escándalo en el Parlamento Infantil.
Las niñas no subieron a la tribuna ni interrumpieron a su compañero por iniciativa propia, de hecho estaban apenadas, y el resto de los estudiantes, desconcertados. Un colaborador de la diputada Ruiz Mendicuti les pidió que hicieran ese “pequeño show” y les entregó la cartulina que tenía que mostrar.
Así enseñan civismo nuestros legisladores.
Se les olvida que el civismo fomenta  un comportamiento respetuoso que nos permite convivir de manera ordenada y pacífica en la sociedad, y nos enseña el valor de la autoridad, de las leyes, de los símbolos patrios, de las instituciones y de los miembros de nuestra comunidad.
Y los deberes cívicos adquieren mayor relevancia cuando los ciudadanos ocupan cargos públicos y nos gobiernan.
El Parlamento Infantil surgió para propiciar un espacio en el que los niños aprendan a ejercer plenamente su derecho a la participación, y con sus propuestas promuevan los cambios que ellos consideran necesarios para su comunidad.
Es un taller para construir un proyecto de país democrático, plural y reconocer los valores de la transparencia, la honestidad y el compromiso.
Pero en la Asamblea lo que vimos fue una lección de incivilidad, esa que se propaga, merma la convivencia y destruye una sociedad.
Con su “civismo”, los legisladores desgastan la figura parlamentaria, abonan al descrédito de los políticos, pierden el respeto de la ciudadanía y le quitan el legítimo valor a la protesta.
El próximo martes, Marcelo Ebrard, jefe de gobierno del D.F., acudirá a la Asamblea a rendir su Quinto Informe de Gobierno, ¿cuál será la clase de civismo que veremos?

Aquí el enlace: