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Autodefensas en Michoacán (foto publicada en Excélsior)
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27 de marzo de 2014

Comisionitis

Los homenajes de los políticos o las formas de solucionar las crisis...

Hoy se cumplen 20 años del asesinato de Luis Donaldo Colosio y la clase política, previsible como es, intenta honrar su memoria con la retórica habitual de este tipo de efemérides. Aunque de manera involuntaria, encontró en los hechos una forma de hacer honor a esta conmemoración más acorde con su práctica habitual de hacer como que resuelve los problemas: resucitando las comisiones especiales en el Congreso.
La comisión especial de legisladores que en el 94 dio seguimiento a las investigaciones del atentado contra el candidato presidencial no fue la primera de su tipo, pero sí fue paradigmático de una forma de abordar las crisis políticas que es, podríamos decirlo así, muy a la mexicana.
Las funciones de los integrantes del Congreso de la Unión están claramente definidas en la Constitución y entre ellas no está la de ser todólogos o ajonjolís de todos los moles. Sin embargo, es explicable dado el protagonismo y la exposición pública inherentes a su cargo: diputado o senador que no tiene pretexto para hablar, no es visto. Y como dice el refrán, santo que no es visto no es adorado... ni tiene oportunidad de impulsar su carrera política.
Aún concediendo que su creación estuvo motivada por la buena fe de vigilar el avance de las indagatorias en un hecho que conmovió a la nación, las comisiones que se instalaron en ambas cámaras para el caso Colosio significaron un festín para los periodistas, porque todos los días daban nota: un clásico de la época era preguntar a cualquiera de sus integrantes si se citaría a declarar a Carlos Salinas de Gortari, con la presunción de que como ex Presidente de la República tendría “información privilegiada” . La respuesta, palabras más, palabras menos, iba siempre: “Citaremos a todos aquellos que puedan aportar elementos a la investigación”. Ya con eso los editores tenían pretexto para cabecear: “El Congreso citará a Carlos Salinas”.
Con una actitud detectivesca, los representantes populares fungieron como una suerte de Ministerio Público paralelo, revisando los expedientes, entrevistando a los personajes involucrados, contradiciendo (¡faltaba más!) las versiones oficiales y elaborando sus propias hipótesis y elucubraciones, que solían ser más bien especulaciones. Por supuesto, no se trataba de llegar a la verdad, sino de comprobar hasta donde fuera posible la hipótesis de que se trató de un crimen de Estado (el famoso complot) y refutar hasta aniquilar la versión del “asesino solitario”.
Porque de lo que se trataba en la comisión era “hacer justicia” y eso significaba necesariamente “ajusticiar” (políticamente hablando, por supuesto) a algún personaje, encontrar el nombre del culpable (sobre todo si ese nombre coincidía con el que proclamaba la vox pópuli) y hacerle pagar por el crimen. De ahí que otra declaración sumamente agradecida por los reporteros era la que, pronunciada por algunos de aquellos fiscales de ocasión, resumía el sentir popular con estas palabras (léanse con toda solemnidad): “Nadie estará por encima de la ley”.
¿Fue útil o no su trabajo para esclarecer esa y otras polémicas (hubo hasta “Comisión del Caso Conasupo”, uno de los tantos escándalos relacionados con Raúl Salinas de Gortari destapados después de que se le acusara de otro crimen político de 1994, el asesinato de José Francisco Ruiz Massieu)? ¡Por supuesto que no!
Hasta donde recuerdo, las comisiones no aportaron un solo dato que modificara el fondo de los asuntos indagados. Sus resoluciones e “informes” ni siquiera tenían el valor de una recomendación y, dado el poco prestigio que desde entonces arrastraban, tampoco servían para erigirse como una especie de tribunal moral. Máxime si todo el tiempo sus integrantes, provenientes de todos los partidos, utilizaban esos foros para acusar a los adversarios de “falta de voluntad política” para avanzar en la investigación. Y, desde luego, el tiempo y dinero que se consumieron en esos argüendes jamás se tradujeron al menos en leyes que mejoraran la investigación de casos delicados en México. 
Pero también vale la pena recordar en qué contexto surgieron estas comisiones: eran los últimos años del dominio absoluto del Revolucionario Institucional en el Poder Legislativo. En las elecciones de 1994 el PRI aún retuvo la mayoría en el Congreso de la Unión, en el que la oposición (la histórica del PAN sumada a la del recién creado PRD) tuvo una creciente presencia, pero ni siquiera unida contaba todavía con los suficientes votos para resistir la aplanadora priista. En esos años de la transición democrática, las comisiones especiales eran altavoces de la oposición para ofrecer visiones distintas a la oficial. Varios de sus integrantes genuinamente investigaron y encontraron datos que sirvieron para provocar un debate público que hasta ese entonces era mínimo. Se volvieron un contrapeso, de mucho ruido y pocas nueces, pero necesario en las últimas horas de aquella entonces invencible mayoría tricolor.
La situación cambió a partir de 1997, cuando el PRI perdió la mayoría absoluta en la Cámara de Diputados y desde entonces ninguna fuerza política la ha vuelto a tener. Tres años después, el PAN llegó a la Presidencia de la República. Aparejado a la alternancia, las comisiones especiales perdieron mucho de su valor de contrapeso político y no volvimos a saber de ellas sino hasta ahora, con motivo de los escándalos en Oceanografía y la Línea 12 del Metro. Llama la atención que surgen ahora que el PRI recuperó la Presidencia, y el PAN y PRD viven complejos procesos internos para renovar sus dirigencias nacionales y ambos escándalos afectan a alguno de sus contendientes (el del proveedor de Pemex en el caso del calderonismo, representado por Ernesto Cordero, y el del transporte político en lo que respecta a las aspiraciones de MarceloEbrard).
Sea como fuere, las nuevas comisiones seguramente volverán a ser una fuente rica en declaraciones estridentes y nutriente natural de encabezados periodísticos, pero nada más. Si la clase política quisiera verdaderamente honrar la memoria de Colosio, debería darse cuenta de que aquel mítico discurso donde el candidato veía un México de pobreza sigue vigente en nuestros días, igual que la corrupción y la inseguridad. Lo menos que podrían hacer es dejar de seguir desperdiciando el tiempo y el dinero en infiernillos.
@FabiGuarneros

29 de enero de 2014

De vuelta a la grilla

Nacido con gen panista, Calderón se meterá de lleno en el proceso de renovación de la dirigencia blanquiazul...


Una de esas leyendas urbanas de la política mexicana le atribuye a los expresidentes de la República el poder de seguir moviendo ciertos hilos de la vida nacional después de su mandato.
Y resulta creíble, si se considera el enorme poder que durante el siglo pasado acumularon los señores Presidentes, lo que les permitía, incluso, designar a su sucesor. Pero esa facultad de incidir en la vida política aun después de su sexenio se vio severamente disminuida en los años de la transición democrática y durante la alternancia del poder.
Lo cierto es que, al menos en lo que se veía públicamente, los mandatarios de extracción priista mantenían una presencia menos preponderante en la escena nacional, lo que no significaba su retiro de la política. Miguel de la Madrid, por ejemplo, ocupó la dirección del Fondo de Cultura Económica;Carlos Salinas (después de buscar en el extranjero un lugar dónde vivir) pretendió, sin lograrlo, la presidencia de la naciente Organización Mundial de Comercio y después se fue a Europa, mientras Ernesto Zedillo se incorporó como consultor en diversas compañías internacionales.
Es difícil documentar con datos duros y constatables si siguieron ejerciendo poder e influencia desde los lugares donde andaban, y si fue así, en qué magnitud lo lograron. Pero esa circunstancia nunca ha importado en la mitología política mexicana, tan necesitada de villanos y personajes todopoderosos que maniobren desde la tenebra, por eso tanto alboroto con la aparición el pasado jueves de Zedillo yCalderón en el Foro Económico de Davos, Suiza.
El caso contrario lo representan los dos expresidentes de la era panista que, lejos de mantener el bajo perfil que prefirieron sus antecesores, optaron por hacer notoria su presencia.
En Vicente Fox, esta conducta se dio natural dado su carácter extrovertido, su personalidad lenguaraz y su reiterada pretensión de asemejar su Presidencia a los estándares estadunidenses, como lo expresara su insistencia en seguirse llamando a sí mismo “Presidente” después de concluir su mandato, y su fallida intención de dedicarse a dictar conferencias magistrales. Esta última era una empresa destinada al fracaso por la misma proclividad del guanajuatense a hablar de lo que sea y donde sea a la menor provocación: ¿Quién iba a pagar por algo que él mismo ofrece gratis?
Orgulloso de romper cuantas reglas de oro de la política mexicana hubiera y ya como expresidente, Fox nunca tuvo la intención de guardar silencio cada vez que tuvo enfrente un micrófono, y solía llamar la atención no sólo por la hilaridad de sus dichos, sino por la propia trascendencia del cargo que detentó.
En las épocas del presidencialismo todopoderoso, su actitud le habría valido el exilio simbólico por interferir en la gestión de su sucesor (por no hablar de su llamado a votar en 2012 por Enrique Peña Nieto). En la era de la presidencia acotada, sus declaraciones formaron parte de la inagotable tradición de la picaresca política.
Donde ha sido más activo y más serio —hasta donde puede serlo— es en las actividades del Centro Fox, igual ha traído a cantar a Elton John que promovido un debate internacional como el de la legalización de las drogas (al lado de los exmandatarios de Colombia, César Gaviria, y de Brasil,Fernando Henrique Cardoso, entre otros destacados personajes), lo cual sí tendría algún impacto relevante en la política mexicana, sobre todo por la relevancia que el narcotráfico ha alcanzado en los años recientes.
Menos dado a la declaración de banqueta, Felipe Calderóntampoco ha hecho mutis. Alejado del país por una beca académica en Harvard, ha mantenido una actividad constante en su cuenta de Twitter, lo mismo para opinar de futbol que para defenderse del espionaje en su contra que perpetró Estados Unidos.
En todo caso, su activismo no ha tenido como objetivo primordial influir en el actual gobierno ni insertarse en los grandes debates internacionales, sino meter la cuña en su partido, Acción Nacional. Ya en mayo pasado, en los días previos a la remoción de Ernesto Cordero como coordinador de la fracción panista en el Senado, usó su cuenta en la red social para recordar una “vieja regla del PAN”, la de no ventilar por fuera los asuntos internos.
Nacido con gen panista —como bien lo definió el diputadoJuan Pablo Adame en entrevista con Ivonne Melgar(Excélsior, 22 de enero)—, Calderón se meterá de lleno en el proceso de renovación de la dirigencia blanquiazul, un poco al estilo Fox, por medio de la figura de una organización civil.
En efecto, nuestro periódico informó en la edición del pasado martes que Calderón presentará el próximo 12 de febrero la Fundación Desarrollo Humano Sustentable, que en el papel se propone “contribuir con estudios, opiniones y propuestas de solución para resolver la problemática nacional”. Se trata en realidad del relanzamiento de una agrupación creada en 2004 que, como bien recuerda la nota del reportero HéctorFigueroa, le permitió emprender la búsqueda de la nominación panista a la Presidencia de la República.
Diez años después, es difícil pensar que esta fundación no vaya a cumplir una función política análoga, sobre todo porque el anuncio de su relanzamiento coincide con el arranque del proceso sucesorio en el PAN, marcado por el enfrentamiento entre el grupo calderonista y el que es afín al actual líder, Gustavo Madero.
Sus correligionarios no pueden llamarse a sorpresa. En agosto de 2012, durante una reunión privada en Jurica, Querétaro, Calderón ya les había advertido a los panistas que después de la Presidencia, si algo le sobraría era tiempo para grillar. No sólo para tuitear.
                Twitter: @Fabiguarneros

Publicado en Excélsior el  26 de enero de 2014

8 de enero de 2014

Recordatorios

Ni México es un país de primer mundo ni hemos saldado la deuda social con los pueblos indígenas

Al 2014 lo recibimos con la conmemoración de dos vigésimos aniversarios. Sí, dos asuntos que sorprendieron, prometieron y que encierran más de un paralelismo con el México de hoy.
El Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) irrumpió en la escena nacional el primero de enero de 1994 con una muy calculada intención de echar por tierra la pretensión oficial del gobierno, del entonces presidente Carlos Salinas de Gortari, de llevar al país al primer mundo de la mano del Tratado de Libre Comercio (TLC) de América del Norte, que ese mismo día arrancaba.
El lector demasiado joven quizá carezca del contexto necesario para entender la magnitud del significado que ese doble acontecimiento implicó. Un dato esencial era la cada vez más declinante estrella del Partido Revolucionario Institucional, que a partir de ese año iría cediendo poder de manera paulatina, en una transición democrática que seis años después haría posible una alternancia en la Presidencia de la República que muchos creían imposible.
Los acontecimientos que ocurrieron en cascada en 1994 (dos magnicidios políticos y el inicio de la más espeluznante crisis económica que se recuerde en décadas) parecían cavar la tumba del partido que había gobernado durante más de seis décadas, mientras que, curiosa paradoja, los alzados en armas gozaban de un respaldo social, a escala incluso internacional, que los auspició para dar lugar a un diálogo en el que nadie dudaba de la pertinencia de sus demandas.
Dos décadas después ocurre un escenario poco previsible a la luz de los hechos descritos: lejos de extinguirse, el Revolucionario Institucional aglutinó fuerzas y recuperó la Presidencia de la República; sin contar con una mayoría abrumadora en el Congreso (como la que tuvo en sus años de esplendor), impulsó su agenda de cambios estructurales y ahora tiene en la recién aprobada Reforma Energética un poderoso talismán para volver a presumir el arribo de México a la senda del desarrollo.
¿Y el zapatismo? Puede jactarse de que este vigésimo aniversario lo retornó al protagonismo mediático del que estaba desaparecido. Pero lo cierto es que, salvo por ocasionales apariciones de su más notorio dirigente y los registros que lleva la prensa que le es más fiel, ese movimiento parecía prácticamente extinguido. Y es que, una vez pasada la sorpresa de su irrupción, su incorporación al abigarrado paisaje político mexicano sólo podía presagiar que se integrara al casi siempre escindido segmento de la izquierda, incapaz de hacer un frente común para reivindicar de manera eficaz sus demandas.
Rebasado por el avance electoral del PRD y otros partidos de ideologías afines, el zapatismo fue quedando como un actor aislado, sin integrarse a ninguno de los grandes grupos que dominan la izquierda institucional, y permaneciendo más como una presencia moral (no creo que a estas alturas alguien siga tomando de manera literal lo de su declaración de guerra, ni ellos mismos). Tampoco pudo gestionar a escala nacional su reiterada demanda de cumplimiento de los acuerdos de San Andrés Larráinzar, que no resultaron satisfechos con la ley de derechos y cultura indígena de 2001.
Por eso, llama la atención que el actual gobierno los siga considerando como interlocutor y piense, tal como anunció el comisionado para el Diálogo con los Pueblos Indígenas,Jaime Martínez Veloz, en la redacción de una iniciativa enriquecida que permita reanudar el diálogo con el EZLN. Una propuesta “remasterizada” que tendría como base los acuerdos de Larráinzar de 1996 más el Plan Nacional de Desarrollo, el Pacto por México, el protocolo de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, el Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo y la declaración de la ONU en materia de derechos indígenas. (Entrevista deAndrés Becerril publicada en Excélsior el pasado domingo 29 de diciembre).
Más allá del curso que siga esa intención, el gobierno tiene en marcha otro proyecto que, como dio a conocer la periodistaLeticia Robles de la Rosa en estas páginas el pasado 26 de diciembre, pretende subsidiar a comunidades étnicas a fin de garantizar sus derechos, a partir del reconocimiento oficial de que se trata de sectores que han enfrentado carencias históricas. Entre otros puntos, se destinarían fondos al desarrollo de actividades de defensoría y litigios en materia penal y civil, y se ayudaría a la reubicación de población indígena desplazada.
Más allá de la efectividad que puedan tener estas políticas, lo que dejan en claro es que, si bien el Tratado de Libre Comercio no fue el demonio que vaticinaban sus acérrimos enemigos, tampoco representó esa vía idílica al primer mundo que auguraban sus promotores. Veinte años después, sigue habiendo mucho por hacer para reivindicar a la población indígena que, por algún momento, pensó que la de las armas era la única vía para hacerse oír.
Que este doble festejo sirva de recordatorio de una asignatura pendiente que, es de esperarse, no vuelva a quedar sepultada por nuevas coyunturas y prioridades.
**Artículo publicado en Excélsior el 4 de enero de 2014

18 de marzo de 2013

Cambios


En los últimos días hemos sido testigos de diversos acontecimientos. Las noticias que nos han sorprendido no sólo son nacionales ni tienen que ver exclusivamente con la lamentable inseguridad o la violencia del crimen organizado, que de pronto tomaron las agendas periodísticas e invadieron de preocupación y temor al ciudadano. En el mundo se registraron sucesos históricos que invocan al cambio.
Hoy sabemos que Elba Esther Gordillo está en la cárcel acusada de desviar recursos del sindicato de maestros para enriquecer sus cuentas bancarias y mantener su estilo lujoso de vida. También fuimos testigos del acuerdo logrado en el consejo rector del Pacto por México para trabajar en la reforma constitucional en materia de telecomunicaciones, un tema impensable en otros tiempos, cuando los intereses privados y los compromisos creados pesaban más que el desarrollo nacional.
Vimos, a principios del mes, a un PRI reunificándose en torno a la figura presidencial; se reconstruye después de 12 años de derrota presidencial y cambia sus documentos básicos. Le faltaba línea. Este fin de semana, el PAN comenzó a dar señales de cómo procesará su derrota electoral, su división interna, su mezquindad para apoyar sin reproches a Josefina Vázquez Mota. Sabremos cómo asumieron los panistas sus propias decisiones, por ejemplo su alianza con La Maestra, y qué harán con la reforma a sus estatutos.
De los partidos llamados de “izquierda” ni hablar, porque ni ellos saben quiénes son, qué quieren ni quién los representa. Confunden la pluralidad de ideas con la lucha de poder entre tribus.
Esto ha pasado en los últimos días a nivel nacional, pero en el terreno internacional las noticias no son menos importantes, por el contrario nos han mantenido en el filo de la butaca. Un ejemplo, la muerte del presidente venezolano Hugo Chávez.
La otra noticia vino desde el Vaticano, primero la renuncia del papa Benedicto XVI y después la elección del nuevo pontífice, el miércoles 13 de marzo, un jesuita argentino llamado Jorge Mario Bergoglio, arzobispo de Buenos Aires, Francisco.
En las dos últimas semanas América Latina ha sido el foco de la noticia.
El mundo refleja dinamismo, pero todos estos acontecimientos anuncian un cambio y eso es muy bueno, porque en el cambio está la evolución. Pero, ¿sabemos hacia dónde vamos? ¿Para qué cambiar? ¿Qué queremos como humanidad? ¿Estamos listos o sólo nos dejamos arrastrar por los acontecimientos?
Lo pregunto porque de qué sirve tener tras las rejas a Elba Esther Gordillo si no acabamos con la corrupción y la complicidad entre poderosos, si la omisión sigue presente. ¿Cuál es el compromiso con la educación? ¿La reforma educativa resuelve el rezago, atiende las necesidades de un sistema escolar agonizante, sin infraestructura, con maestros que rechazan prepararse y abrirse a las nuevas tecnologías e idiomas? ¿Se dotará a los planteles escolares con equipo de vanguardia, se arreglarán los inmuebles, los baños, los techos, los vidrios? ¿Se exigirá más compromiso a los padres de familia?
Y hay otras interrogantes para los partidos políticos, porque de nada sirve acordar desde las cúpulas del poder los grandes cambios, como la mencionada reforma a las telecomunicaciones, si no se sabe cabildear esos consensos con los militantes de sus partidos, si esas grandes reformas no benefician al ciudadano con una mayor calidad, pluralidad y equidad en los contenidos y servicios relacionados con la televisión, la radio, la telefonía, el internet.
¿Sirve que los partidos modifiquen sus estatutos si éstos no incluyen las necesidades de sus seguidores, de los ciudadanos de a pie que votan por ellos?
¿Venezuela está listo para evolucionar, para crecer económicamente y romper dogmas? ¿Continuará por la misma línea? Es indudable que con Chávez, más allá de filias y fobias, hubo una mayor repartición del pastel, pero Hugo Chávez no hizo crecer ese pastel y no fue suficiente.
Y la Iglesia católica, ¿por qué volteó a Latinoamérica? Sí, aquí es donde más fieles ha perdido, el número de católicos que hablan español se cuenta en millones y su suma se convirtió en resta. ¿Pero qué sabe de las necesidades del ser humano de hoy? ¿Está dispuesta a evolucionar su pensamiento para responderle y conquistar el corazón, el pensamiento y la voluntad del nuevo individuo, éste que ahora cuestiona, discute, demanda, que dejó de ser pasivo, que se informa y evoluciona?

Les comparto la liga:

Cambios | Excélsior

19 de abril de 2012

Piedritas en el PRI

La arrogancia política fractura a la militancia.

Hace 11 años, el PRI fue víctima de su soberbia política. Sus líderes se creían invencibles; no valoraron el poder y carisma de los candidatos adversarios ni el trabajo y peso de su propia militancia. Perdieron la Presidencia de la República y su poder hegemónico.
Si bien, los priistas, han aprendido de sus errores y están en la antesala de regresar a la Presidencia hay algunos signos de arrogancia que los lleva, como se diría en el refranero popular, a vestirse con la piel del oso que aún no han matado.
Sin duda en estos 11 años, desde la banca de la oposición, abonaron por reconstruir a un partido dividido, por buscar al líder que perdieron cuando se quedaron sin la línea que les marcaba el Presidente de la República, por reagrupar a los sectores, organizaciones y recuperar los liderazgos locales.
Hoy aunque el escenario parece menos conflictivo, los priistas se han puesto piedritas en el zapato. Lanzaron una convocatoria con el método de selección del candidato presidencial que dejó insatisfechos a varios militantes. Está impugnada ante el Tribunal Electoral.
La dirigencia del PRI firmó un convenio de coalición con PVEM y Panal para la elección de 2012, que despertó el enojo de los priistas de Sinaloa, Jalisco, Puebla, Chiapas, Quintana Roo y el DF, porque los lugares uno y dos de la lista de los candidatos al Senado los ocuparán políticos del Partido Verde y de Nueva Alianza.
Por ejemplo, Jorge Emilio González sería el candidato de la coalición por Quintana Roo y Pablo Escudero por el DF; en Chiapas, la candidata sería la hija de Elba Esther Gordillo, Mónica Arriola, y Fernando González, el yerno de la maestra, sería el aspirante por Sinaloa.
Otra piedrita que molesta a los priistas es la intención de mantener la alianza PRI-PVEM-Panal para la elección a gobernador en Chiapas. La incomodidad la produce la idea de que el candidato no salga de los liderazgos locales del Revolucionario Institucional, sino del PVEM, pues el senador Manuel Velasco ha sido arropado por Enrique Peña Nieto, quien acudió, incluso, a su Quinto Informe de Gobierno.
Aunque en el PRI recuperaron la disciplina partidista y han decidido cerrar filas en torno a un solo candidato (hoy se registrará Peña Nieto), los militantes de ese partido no pueden ignorar el reclamo de unidad del senador Manlio Fabio Beltrones, quien en una carta pública dijo que en su partido hay quienes “…alegan la necesidad de unidad para conservar privilegios”, y recordó que “la militancia es superior a la dirigencia y por ello ha resistido las grandes derrotas”.
En 2000, el PRI sufrió los efectos de la división y el desgaste de tener cuatro aspirantes presidenciales: Francisco Labastida, Manuel Bartlett, Humberto Roque y Roberto Madrazo. En ese entonces les falló la operación cicatriz, porque el grupo ganador no sumó a los adversarios.
Recuerdo lo que me dijo Manuel Fuentes Bove, operador de Roque Villanueva, cuando ganó Labastida: que ellos estaban listos con las escobas para trabajar por el partido y nadie les dio un tramo para barrer.
La historia de la división se repitió en 2006, cuando Madrazo enfrentó a sus propios adversarios dentro del PRI, el llamado Tucom. Y perdieron nuevamente la elección presidencial.
Hoy han tenido la capacidad de cimentar el terreno que los tiene a un paso de volver a Los Pinos; sin embargo, aún falta el tejido fino de los acuerdos al interior del propio PRI. Como diría otro dicho popular: Dios o el Diablo (como se quiera) está en los detalles.
La unidad dentro del PRI vuelve a ser el reclamo.

                Subdirectora editorial de Excélsior
                fabiola.guarneros@nuevoexcelsior.com.mx
                Twitter: @Fabiguarneros

Publicado el 27 de noviembres de 2011, les comparto la liga:
http://www.excelsior.com.mx/index.php?m=nota&id_nota=788596 

 

Coaliciones amorosas

La promiscuidad ideológica de los partidos no importa cuando se busca el poder.

¿Cuál es la verdadera República Amorosa? ¿La que promueve la promiscuidad ideológica de los partidos sólo por el poder?
Antes, en los 80 y los 90 era muy lógico que todos los partidos enfrentaran a la fuerza hegemónica, al PRI, porque monopolizaba el poder y las decisiones. Hoy, las cosas han cambiado, cuando conviene quitarlo del camino se alían todos, incluso PAN y PRD; pero cuando el rival es otro, hasta con el PRI juegan, como pasó en la elección de alcaldes en Michoacán.
En cinco municipios, PAN, PRI, PVEM y Panal se unieron para ganarle al PRD, PT y Movimiento Ciudadano. La fórmula les funcionó a los primeros para tomar ventaja en Aguililla, Irimbo y Jiménez.
En esas alcaldías michoacanas, al PAN y al PRI se les olvidaron las diferencias irreconciliables que argumentan que tienen, cuando no logran lanzar a un candidato común a un gobierno, como ocurrió en el Estado de México, o cuando no pueden aprobar una reforma de trascendencia en el Congreso de la Unión, como la laboral, por ejemplo.
En esos municipios no importaron los principios partidistas y lograron superar las acusaciones que uno y otro se hacen en el ámbito federal.
Al vencerse el plazo para el registro de coaliciones (18 de noviembre), constatamos que los partidos sí logran ponerse de acuerdo cuando se trata de velar por sus intereses, cuando negocian cuotas, escaños y curules.
Las organizaciones políticas cumplieron ante el IFE y presentaron sus convenios de coalición para la elección presidencial del 2012. El PRI irá con el PVEM y el Panal, y el PRD sumará al PT y al Movimiento Ciudadano (antes Convergencia).
Al PAN no le queda más remedio que la alianza con los ciudadanos, como lo ha dicho su dirigencia nacional, porque el partido de Elba Esther Gordillo, a quien le coqueteó, decidió jugar con el PRI.
El camino que lleva a la consolidación democrática tiene sus trampas. Hoy los partidos buscan gobernar un país, una entidad federativa o representar al ciudadano en el Congreso a como dé lugar, no importa la ruta que se tome ni lo que tengan que ofrecer o ceder.
Las fuerzas políticas se coaligan para postular un candidato y asegurar el triunfo, pero no concretan programas de gobierno que funcionen más allá del día de la elección. Negocian cuotas, puestos, candidaturas, porcentajes, se toman la foto juntos, pero no construyen un proyecto de nación. ¿Realmente comparten principios ideológicos, postulados? ¿Se da el verdadero encuentro de ideas?
En el caso de la alianza PRI-PVEM-Panal el punto de encuentro está en la repartición de cuotas; es decir, van a postular al mismo candidato presidencial, pero de los 300 distritos electorales en los que se compite para las diputaciones federales, 126 de ellos serán signados en el convenio de coalición.
Sí, al Partido Verde le toca encabezar la fórmula en 30 distritos, al Panal en 24 de ellos y al PRI en 72 distritos.
En el caso de la Cámara de Senadores, de las 64 posiciones de mayoría que se disputarán, 20 estarán en coalición en 10 estados. Cinco serán para el PVEM, cuatro para el Panal y 11 para el PRI.
El Movimiento Progresista integrado por el PRD, PT y Movimiento Ciudadano, decidió ir en coalición total para las candidaturas presidencial, senadurías y diputaciones. Aquí, la negociación está en la designación del candidato al gobierno del DF.
Los partidos nos deben el proyecto de nación y el compromiso de que estas alianzas trasciendan el día de la elección, para lograr los acuerdos que permitan la gobernabilidad. En un país amoroso no cabe la promiscuidad ideológica.
            Subdirectora editorial de Excélsior
       fabiola.guarneros@nuevoexcelsior.com.mx
                  Twitter: @Fabiguarneros

Publicado el 20 de noviembre de 2011, les comparto la liga:
http://www.excelsior.com.mx/index.php?m=nota&id_nota=785597 

 

20 de octubre de 2011

Encrucijada

Se acabaron los líderes que imponían las decisiones; hoy el reto es no provocar la fractura.

 
Cuando México decidió transitar de un sistema de partido casi único a uno donde la pluralidad ideológica se representara a través de otras fuerzas, sembró también un nuevo reto: ordenar la vida interna de las organizaciones políticas.
Hoy ya no hablamos de un partido, sino de los partidos, en plural; ya no tenemos una fuerza que impone su voluntad desde Los Pinos ni da instrucciones al Congreso; hoy todos los políticos y gobernantes están obligados a buscar los acuerdos y a negociar, incluso con las organizaciones apartidistas.
Somos testigos de lo complicado que es construir acuerdos y que los intereses partidistas frenan las reformas que necesita México; bueno, pues esta nueva realidad también llegó a la vida interna de PRI, PAN y PRD, que están aprendiendo a vivir, ordenarse y a negociar las expresiones de pluralidad que existen en sus filas.
Las determinaciones que toman para elegir a sus dirigentes, órganos de gobierno, candidatos a puestos de elección popular, definir plataformas o el sentido de una votación en el Congreso no siempre convencen ni satisfacen a la totalidad de sus militantes y seguidores, pero implican un esfuerzo mayor de cabildeo interno.
Los grupos líderes o las figuras de peso dentro de cada partido ya no pueden imponer ni dictar línea, tienen que convencer a otros, buscar aliados o “mayoritear” al adversario. Quizá por eso es más evidente la conflictividad que emana de las propias organizaciones políticas.
El proceso electoral de 2012 constituye un reto para los partidos y una oportunidad para evaluar su madurez política. Estarán bajo la presión del adversario, de las encuestas de popularidad, de las grillas, de los tiempos y nuevas reglas electorales, de las intenciones de imponer un candidato y de las experiencias aprendidas.
En el PRI, el pasado les enseñó que si se dividen y el grupo ganador no hace operación cicatriz ni suma a su contrincante, pierden. Basta recordar la competencia del 99 con los llamados Cuatro Fantásticos: Francisco Labastida, Manuel Bartlett, Humberto Roque y Roberto Madrazo, o la de 2005 cuando un grupo de gobernadores encabezado por Arturo Montiel y Natividad González Parás crearon el Todos Unidos contra  Madrazo (Tucom)  para frenar las aspiraciones presidenciales del tabasqueño.
Hoy, Enrique Peña Nieto y Manlio Fabio Beltrones no se exponen a una ruptura pública, al contrario, se presentan juntos en los foros organizados por la Fundación Colosio.
El PAN inició su proceso de selección con siete aspirantes, cuatro del gabinete del Presidente, un escenario sin precedentes en la historia del partido. El retiro de tres secretarios de Estado y un gobernador no favorecidos en los sondeos de popularidad logró decantar la lista a tres: Ernesto Cordero, Josefina Vázquez Mota y Santiago Creel.
La militancia panista rechaza la imposición presidencial y hoy, la dirigencia y sus aspirantes se encuentran entrampados en el método de selección.
En el PRD el reto será conciliar los intereses de quienes apoyan a Andrés Manuel López Obrador y de los que impulsan a Marcelo Ebrard, o contener la desbandada cuando el tabasqueño decida que él será el candidato de PT y Movimiento Ciudadano (antes Convergencia).
Y mientras los partidos resuelven sobre la marcha la encrucijada que les impone la nueva realidad, el miércoles 19 vence el plazo para que notifiquen al IFE el método de selección de su candidato a la Presidencia, a partir de ahí ya no hay marcha atrás.
                Subdirectora editorial de Excélsior
                fabiola.guarneros@nuevoexcelsior.com.mx
                Twitter: @Fabiguarneros

Publicado el 16 de octubre. Les dejo la liga:
http://www.excelsior.com.mx/index.php?m=nota&id_nota=775112 

La excusa

La pluralidad política no es la que bloquea los acuerdos ni detiene la construcción del México democrático.


El camino andado por México en la construcción de su democracia ha sido sinuoso, sujeto a intereses partidistas, a las ambiciones de poder y a la necesidad de dar respuesta a los problemas de gobernabilidad que se van presentando.
Los conflictos en los partidos y la falta de acuerdos han detenido, muchas veces, la marcha o propiciado que se den pasos hacia atrás, pero en el trayecto se han impulsado una serie de reformas legales y constitucionales que han permitido superar un sistema hegemónico para darle vida y representación a la pluralidad.
La primera reforma en ese sentido se dio en 1977, cuando Jesús Reyes Heroles impulsó cambios legales para permitir la entrada de nuevos partidos al escenario electoral y modificar la fórmula de conformación de la Cámara de Diputados; el objetivo era responder a la entonces realidad de ese México.
Con el paso del tiempo y el andar político, esa reforma no fue suficiente y fueron necesarias muchas más, por ejemplo, las que crearon el Instituto Federal Electoral y el Tribunal Electoral, se volvió a modificar la fórmula de integración de la Cámara de Diputados y se incluyó al Senado; se legisló para que el regente capitalino ya no fuera designado por el Presidente de la República y el Distrito Federal tuviera un gobierno electo, igual que las delegaciones.
Es decir, hemos caminado y resuelto realidades. Hoy tenemos necesidad, desde la óptica de los partidos, de una reforma política que permita la reelección de los legisladores, las candidaturas ciudadanas, la consulta popular, la iniciativa preferente, una cláusula de gobernabilidad para la Asamblea Legislativa, y que nos diga qué hacer cuando haga falta el Presidente de la República o su toma de protesta no pueda darse en el Congreso de la Unión.
Hace falta una modificación legal, dicen los políticos, para otorgar la facultad de veto al jefe del Ejecutivo cuando no esté de acuerdo con el Presupuesto de Egresos aprobado por los diputados y otro ajuste a las leyes para permitir la reconducción presupuestal.
Esta reforma política fue planteada como otra oportunidad para devolverle una parte del poder al ciudadano, ordenar las instituciones y garantizar la gobernabilidad en cualquier escenario electoral. ¿Qué pasa entonces? ¿Por qué no llegan los acuerdos? ¿Por qué el Senado aprueba una cosa y los diputados otra? ¿Por qué vemos a los líderes de los partidos Gustavo Madero, Humberto Moreira y Jesús Zambrano en actitud contestataria y defensiva en lugar de propositiva?
La explicación más cómoda se la achacan a la pluralidad. Sí, hoy es más difícil conseguir los acuerdos porque hay más partidos, porque nadie tiene mayoría, porque las ideas se expresan libremente, porque el Presidente que marcaba la “línea” ya no tiene ese poder.
El escenario es más complicado porque cada partido tiene su propia visión de país, porque al interior de las fuerzas políticas hay grupos que se disputan el poder, las decisiones que se toman están pensadas en la elección de 2012, y porque están ocupados en sus procesos internos.
Pero los genuinos intereses partidistas no pueden bloquear el camino que consolida la democracia ni ignorar que construimos un sistema político donde la pluralidad ideológica que existe puede expresarse, recrearse, competir y convivir de manera institucional y ordenada.
La agenda de pendientes está saturada y de no atenderla se puede poner en riesgo lo que hemos construido. La pluralidad de ideas no es la culpable de que no lleguen los acuerdos.
Subdirectora editorial de Excélsior
 fabiola.guarneros@nuevoexcelsior.com.mx
Twitter: @Fabiguarneros

Publicado el 9 de octubre en Excélsior. Les dejo la liga:
http://www.excelsior.com.mx/index.php?m=nota&id_nota=773598 

29 de septiembre de 2011

Entrevista a José Woldenberg

Les recomiendo esta entrevista que le hice al politólogo y ex consejero presidente del IFE, José Woldenberg, publicada el 15 de agosto en Excélsior:

Ya no hay partidos omnipotentes, dice Woldenberg

Descarta que un eventual regreso del PRI a Los Pinos sea en sí mismo un retroceso, advierte de la necesidad de mantener equilibrio en el Congreso



Por Fabiola Guarneros Saavedra

La transición democrática es un hecho del pasado y México camina hoy por una democracia germinal con dos pendientes: garantizar el crecimiento económico del país para mejorar las condiciones de vida de los mexicanos, y una reforma política que permita las fórmulas de gobierno ante la nueva realidad pluralista.
Esta reflexión la hace José Woldenberg, ex consejero presidente del Instituto Federal Electoral (IFE). Tiene claro el momento político que vive el país: se acabaron los nacidos para ganar y los nacidos para perder.
“Ya no hay partidos omnipotentes.”
Está convencido del desencanto que existe en la sociedad con los partidos, los políticos e, incluso, con la incipiente democracia. Y los nutrientes de esa decepción son, desde su punto de vista, el funcionamiento, discurso y la conflictividad que emana de los partidos políticos.
Pero para Woldenberg Karakowsky el elemento más importante que alimenta el enojo social y el alejamiento de los partidos, es el económico.
“La economía mexicana no crece con suficiencia y esto genera una enorme irritación,  una distancia de la política… No solamente de libertades, de elecciones y de fenómenos de alternancia y de equilibrio vive la gente…”
El camino que han tomado los partidos políticos en la nueva realidad mexicana,  también son tema de la conversación que el politólogo tiene con Excélsior.
“Si algo bueno pasó en todos los partidos, es que una sola voz, una voluntad no puede imponer al candidato.”
Al PRI lo considera un partido más entre otros; pero acota que hoy ninguno de ellos pierde todo ni gana todo. Considera que un eventual regreso del PRI a la Presidencia de la República no tiene por qué ser un retroceso si así se expresa la voluntad de los ciudadanos en las urnas.
“Pero creo que es muy importante que se mantenga un cierto equilibrio de pluralidad dentro de las instituciones del Estado”; es decir, que exista un contrapeso en las Cámaras de Diputados y Senadores.
José Woldenberg es un hombre de izquierda y conoce al PRD desde su fundación, por eso puede hablar de las virtudes de ese partido que, hoy, se convirtieron en su principal ancla.
“La pluralidad dentro del PRD es un activo, pero se vuelve un problema porque no es fácil conjugar esa diversidad. Las figuras carismáticas (Cuauhtémoc Cárdenas y Andrés Manuel López Obrador) le han permitido crecer y  al mismo tiempo le han impedido una vida más institucional y menos sujeta a la voluntad de un solo individuo.”
Como académico e investigador de las ciencias políticas no especula respecto a la vida interna del PAN. Sabe que hay cinco candidatos y que uno seguramente es el predilecto del presidente Felipe Calderón; pero de lo que sí está convencido es que la discusión y la deliberación de los panistas serán las que definan al aspirante presidencial, pues se quedaron atrás los tiempos en los que una persona decidía el futuro del partido.
Cuando le pregunto si México está preparado para tener una presidenta mujer, Woldenberg asegura que sí:  “¿Por qué no? Otra cosa es que gane. Lo nuevo sería que uno de los tres grandes partidos tuviera una candidata mujer.”
Le platico que el senador panista Ramón Galindo lo propuso a él y a Juan Ramón de la Fuente como aspirantes a una eventual candidatura presidencial independiente dentro del PAN.
El académico responde: “Ni quiero, ni puedo, ni estoy en disposición, para entrarle a este tipo de juegos. No me interesa.”
Nació en Monterrey, Nuevo León, en 1952; estudió Sociología y una maestría en Estudios Latinoamericanos en la UNAM. José Woldenberg inició su lucha político-sindical desde 1974, cuando participó en la fundación del Sindicato de Personal Académico de la UNAM y después, en el 77, en el STUNAM.
Hoy sigue dando clases en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México y tiene un pequeño cubículo en el edificio E, en donde se desarrolla la entrevista. Es mediodía.
–¿Estamos en la transición democrática o nos quedamos en la alternancia?
–La transición democrática es un hecho del pasado, transcurrió entre 1977 y 1997; es decir, es el periodo donde se dieron una serie de conflictos muy agudos en materia electoral que acabaron modificando las normas, las instituciones e impactando la correlación de fuerzas en México.
La transición se dio en esos 20 años y fue la que permitió la alternancia, sin esos cambios hubiera sido inimaginable un fenómeno como el que vivimos en el 2000, cuando un candidato del PAN, entonces apoyado por el PVEM, derrotó en las urnas a los aspirantes del PRI y el PRD.
–¿Qué pasa con los partidos y los ciudadanos, tenemos claro el rumbo a seguir en la construcción de la democracia?
–Lo que logramos construir como país fue una germinal democracia; es decir, un sistema político donde la pluralidad ideológica que existe puede expresarse, recrearse, competir y convivir de manera institucional y ordenada.
Para mí no es poco, pero no es una varita mágica que acabe con todos los pendientes. La agenda de los problemas nacionales es enorme y no atenderla, puede erosionar los propios cimientos de la germinal democracia.
¿En qué estoy pensando? Hay un desencanto muy grande en nuestro país, con los partidos, con los políticos y me temo que con la incipiente democracia que tenemos. Y debemos preguntarnos de dónde proviene este desencanto.  Mucho tiene que ver  con el funcionamiento, el discurso, la conflictividad que emana de los propios partidos políticos.

EL DESENCANTO
José Woldenberg siempre ha sido un político de izquierda. Su lucha cívica la inició en el Movimiento de Acción Popular (MAP), 1981, desde donde quería impulsar la intervención de las organizaciones en todas las esferas de la sociedad.
“El desencanto en México tiene un nutriente económico y social. De 1982 a la fecha, estamos hablando de prácticamente 30 años, la economía mexicana no crece con suficiencia y esto ha hecho que las condiciones materiales de vida de los mexicanos no mejoren en lo sustantivo. Esto genera una enorme irritación, una distancia de la política…
“Porque no solamente de libertades y de elecciones, de fenómenos de alternancia y de equilibrio entre las fuerzas vive la gente. A ellos les preocupa por sobre todo, quizá,  sus condiciones materiales de vida”, explica como si dictara una conferencia.
–¿Qué les pasó a los partidos?
–Hoy son más plurales, son más importantes que nunca. Durante muchos años, México vivió bajo el cobijo de un partido casi único, hegemónico; es decir, había uno y a su lado partidos testimoniales o germinales, pero todo el mundo sabía que lo fundamental de la política se procesaba bajo las siglas del PRI.
Hoy hemos transitado a un sistema equilibrado de partidos.
–¿En qué están ocupados los partidos?
–Yo creo que todos estamos aprendiendo a vivir en un mundo de pluralidad; es decir, durante muchos años, los términos: negociación, diálogo, acuerdo eran inexistentes en el Congreso, había una fuerza mayoritaria que podía tomar  decisiones sin tomar en cuenta a los minoritarios. Hoy ningún partido tiene esa mayoría.
Los partidos tienen una vida interna muy intensa, están preocupados por sus candidatos a diputados, senadores, presidente de la República y gobernadores, y esto tiene que verse como algo natural.
Durante muchos años, el Presidente de la República se decidía por la voluntad de una persona; era la época del “tapado”, del “dedazo”.
–Los partidos están viviendo sus procesos internos de manera novedosa, los acuerdos no llegan porque ahora hay pluralidad y cuesta trabajo lograr consensos cuando hay diferencias profundas entre los actores políticos, pero ¿no vamos muy lento?
–Sí, yo creo que muchos de los asuntos de la agenda nacional urge desahogarlos. Los dos grandes ejes de la tarea política el día de hoy son: la construcción de una mínima equidad dentro de la sociedad mexicana y una reforma de carácter político que sintonice mejor las fórmulas de gobierno a las nuevas realidades pluralistas.
Una de las prioridades del país es pensar cómo vamos a avanzar en materia económica, pero con un crecimiento capaz de generar empleo, de abatir la migración hacia Estados Unidos, y de atender las necesidades de los jóvenes.
Y en este sentido sí hemos sido muy morosos.
–De lo que usted imaginó en su lucha política-sindical, ¿qué se consiguió?, ¿qué queda pendiente?
En materia democrática hemos avanzado y en materia de equidad nada, cero.
Si uno ve el mundo de la política mexicana, antes teníamos un sistema de partido casi único, hoy, uno plural; antes, elecciones sin competencia, hoy, competidas.
Verá un mundo de la representación política que antes era monocolor y ahora es plural; antes teníamos un Presidencia toda poderosa, hoy una acotada; antes teníamos un Congreso subordinado y hoy, uno cuya mecánica interna es la que define su ruta.
Antes teníamos una Corte que en materia política prácticamente no significaba nada y hoy tenemos una que es un auténtico árbitro cuando hay conflicto entre Poderes.
Antes teníamos muy estrechos márgenes en la libertad de expresión, hoy esos márgenes se han ampliado. Es decir, hay avances.
En donde el país parece no moverse y no conmoverse es en lo que se refiere a la inequidad de la vida social.  ¡Hombre!, no se necesita ser sociólogo, economista, historiador, basta salir a las calles e ir a las diferentes ciudades y pueblos mexicanos para darse cuenta de que somos una sociedad desintegrada, con una muy escasa cohesión  social.

LA SUCESIÓN
La carrera político-partidista de Woldenberg Karakowsky tomó forma cuando participó en la fundación del Partido Socialista Unificado de México (PSUM), 1981-1987, y después en la del Partido Mexicano Socialista (PMS), en donde estuvo hasta el 89.
Pero para hablar del PRD tiene autoridad, pues lo vio nacer en 1989 y estuvo ahí hasta 1991 cuando renunció.
–Hoy, ¿qué significa ser de izquierda?
–Una vocación por afianzar y desplegar una política que tienda a la equidad. Yo creo que esa es la bandera fundamental de la izquierda.
La izquierda democrática tiene que ser capaz de conjugar dos valores fundamentales de la modernidad: libertad e igualdad.
–¿Tenemos un partido que represente esa izquierda?
–Tenemos partidos de izquierda, movimientos de izquierda, agrupaciones de izquierda y en los propios partidos hemos visto que no son monolíticos, que hay corrientes distintas.
–¿Es sano para el PRD tener dos movimientos de izquierda tan diferentes, me refiero a Demócratas de Izquierda que impulsa a Marcelo Ebrard y Morena, de Andrés Manuel López Obrador?
–Si a través de ellos expresan diferentes voces, sí. , El asunto está en otro lado. La enorme virtud del PRD ha sido también un problema mayor para ellos mismos.
Desde su fundación, el PRD recibió en sus filas corrientes políticas distintas y ahí radicaba parte de su fuerza y de su atractivo, pero cuando hay esas concepciones diversas se necesita una enorme maestría para tratar de articularlas, conjugarlas, sin exclusiones.
Si a ello le sumamos que el crecimiento del PRD se debe también a la existencia de dos liderazgos carismáticos muy fuertes, el del ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas y el de Andrés Manuel López Obrador, al partido, entonces, le resulta muy difícil conjugar eso que es un capital político.
Las figuras carismáticas han sido un haber para el PRD y le han permitido crecer, pero al mismo tiempo le han impedido una vida más institucional y menos sujeta a la voluntad de un solo individuo.
–¿Qué significa ser de derecha hoy?
–Pues tradicionalmente la derecha ha puesto el acento en las libertades y le ha dado la espalda a los temas de la equidad y la justicia social.
–¿El PAN era mejor como partido de oposición que como partido de gobierno?
–Acción Nacional fue en lo fundamental un partido de carácter testimonial; lo que le importaba era dar fe y denunciar una seria de prácticas antidemocráticas, corruptas.
Luego vivió un proceso de fortalecimiento paulatino, ganó algunas gubernaturas, presidencias municipales, creció en el Congreso y se empezó a convertir en un partido de gobierno y de oposición a la vez.
–¿El PAN está cayendo en la inercia de imponer desde la Presidencia al sucesor? Lo intentó Fox con Creel y ahora Calderón tiene un favorito…
No conozco a detalle la vida interna del PAN, pero por lo que estamos viendo hay una serie de candidatos, al parecer  uno es el predilecto del Presidente, y ahí va haber una disputa para ver quién es el candidato. No me cabe la menor duda.
Si algo bueno pasó en todos los partidos es que ya una sola voz, una sola voluntad no puede imponer al candidato; vamos a ver incluso qué pasa en el PRI, en el PRD, en el PAN, en los partido que hoy obtienen menos votación. Vamos a ver...
–¿Qué es el PRI?
–Es un partido entre otros. Un partido que tiene raíces muy profundas,  quizá las redes de relaciones más bastas dentro del país y que como sucede en los sistemas democráticos, ningún partido pierde todo ni gana todo.
Y quien pierde hoy puede recuperarse el día de mañana y el que gana hoy puede perder en la elección siguiente, y quien gana en un estado de la República puede perder en otro.
Eso es lo que estamos aprendiendo a ver, ya no hay partidos omnipotentes. A mí me tocó la época de los nacidos para ganar y los nacidos para perder, bueno eso ya se acabó.
–Si regresara el PRI, ¿sería un retroceso en la marcha democrática?
Valdría la pena ver en qué condiciones, por ejemplo no es lo mismo que en la próxima elección el Presidente de la República salga del PRI y sin embargo no tenga la mayoría absoluta en las Cámaras de Diputados y Senadores, a que si ganara el candidato priísta también tuviera mayoría absoluta en el Congreso, porque eventualmente en esta segunda situación no habría contrapesos institucionales suficientes.
Un Presidente de la República con contrapesos en el Congreso tendría que hablar, pactar, negociar por necesidad.
En sí mismo la vuelta del PRI no tiene por qué ser un retroceso si la voluntad de las personas se expresa en ese sentido, pero creo que es muy importante que se mantenga un cierto equilibrio de pluralidad dentro de las instituciones del Estado.
–¿Hay un protagonismo ciudadano?¿ Se pervirtió el termino ciudadanizar?
– Si todos somos ciudadanos empecemos a hilar más fino. Es decir, quién nos representa. Los ciudadanos somos un universo enorme, contradictorio, escasamente organizado, que hemos generado una sociedad civil débil, frágil en nuestro país y sobre todo contra hecha.
Algunos ciudadanos tienen mucho poder y otros están privados de voz y de influencia.
Ahora es un término que se usa y se trae de un lado para otro precisamente ante el desprestigio de los políticos, de los partidos, de los parlamentos.  Entonces para diferenciarse de eso se quiere hablar en nombre de los ciudadanos, pero ¡hombre!, para hablar a nombre de los ciudadanos hay que tener la representación de los mismo. Y uno no se la puede atribuir a sí mismo.
Han transcurrido más de 40 minutos de entrevista, el académico tiene que marcharse, lo esperan en el salón de clases los alumnos de licenciatura en Ciencias Políticas. Afuera, en el pasillo, un alumno más aguarda porque quiere una asesoría.
La última pregunta:
–Su nombre y el de Juan Ramón de la Fuente salieron del PAN, después de que el Presidente Calderón pidió a su partido abrirse a las candidaturas independientes…
– Eso me parece una ocurrencia y de muy mal gusto. Si alguien lo dijo de buena fe se lo agradezco, pero seguramente no me conoce o no sabe en lo que estoy ni lo que pienso. Y si lo hizo nada más por jugar, la verdad no son juegos que me gusten.
Ni quiero, ni puedo, ni estoy en disposición, para entrarle a este tipo de juegos. No me interesa.
Los temas de la conversación intentaron reconstruir la lucha por la democracia de un país: reformas políticas, lucha sindical, movimientos ciudadanos, transparencia y rendición de cuentas, todo para intentar entender el escenario de la sucesión del 2012.

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José Woldenberg estudió una temporada en el Centro Universitario de Estudios Cinematográficos, quería hacer cine. Y a pregunta expresa sobre si tuviera que hacer una película de la historia democrática del país, ¿quiénes serían sus protagonistas? Su respuesta fue:
PRI: Jesús Reyes Heroles, Santiago Oñate Laborde y José Luis la Madrid
PAN: Luis H. Álvarez, Carlos Castillo Peraza, Diego Fernández de Cevallos y Manuel J. Clouthier.
Izquierda: Arnoldo Martínez Verdugo, Heberto Castillo Martínez, Cuauhtémoc Cárdenas y Porfirio Muñoz  Ledo.
Estoy siendo muy injusto, seguramente estoy dejando de lado a gente del PRI, PAN y del PRD, pero sí sería una película con muchos personajes.
No es la película de una persona ni de un partido ni de una administración;  no es la película de un Presidente, es de los esfuerzos de muchos mexicanos que hicieron trabajo desde los partidos y las organizaciones no gubernamentales
El reparto sería larguísimo, por eso quizá la película sería muy difícil de hacer.

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